Todos parecen entender lo que está pasando:
“¡Fuera de juego!”
“¡Abre la cancha!”
“¡Marca!”
Y tú simplemente sonríes … intentando entender lo que acaba de pasar. Pero en el fondo, no sabes qué decirle después de un partido.
Te cuesta entender si lo hizo bien o mal.
Sientes que otros padres sí saben cómo apoyarlos.
Terminas apoyando con lo que tienes a mano … pero no desde lo que realmente necesita.
Y eso genera inseguridad en ti … y puedes estar pasándola a el o ella.